Indignados, Movimiento 15-M, Spanish Revolution 2011 Madrid Puerta del Sol, Acampada Sol,

No a la Guerra ¡¡Paz en Libia!!

miércoles, 29 de septiembre de 2010

lunes, 20 de septiembre de 2010

domingo, 19 de septiembre de 2010


Los más guapos del mundo

Es septiembre, los madrileños están más guapos que nunca durante este mes. Aún perdura sobre las pieles el barniz de luz de otras latitudes, la caricia morena del viento de otros mares, de otras montañas. El pelo brilla con el recuerdo de las fuentes, las selvas o los glaciares visitados durante las vacaciones. Al menos hasta la segunda mitad de septiembre seguiremos llevando la ropa ligera y despreocupada del tiempo sin pulso, todavía no se han velado del todo los tatuajes de gena, las pecas reflotadas por el calor, siguen danzando pulseras de conchas en los tobillos y las marcas del biquini cruzan los hombros como cicatrices de sol.
Hoy paseamos por los escenarios verticales de esta capital todavía sintiéndonos turistas, los transeúntes despreocupados que recorrieron en agosto plazas nuevas, orillas tibias, montes de aire blanco. Muchos somos aún el recuerdo de nosotros mismos en vacaciones. Tenemos el gesto, la mirada embellecida por los escenarios lejanos que todavía nos acompañan, conservamos el andar descalzo. En septiembre Madrid se riza de viento, los escaparates saldan con melancolía las prendas finas, regresa la tiranía de la zona hora, pero los habitantes nos resistimos a entregarnos a la rutina, a perder definitivamente el feliz esmalte del estío.
Esta ciudad, sin embargo, presumiblemente celosa de los encantos marítimos u oxigenados de otras poblaciones, enseguida nos arrebata el bronceado, nos seca la piel, nos desinfla el pelo. Nuestra versión rejuvenecida y radiante contemplada durante el verano en el retrovisor del coche de camino a la playa, en los espejos con marco de plástico de los apartamentos alquilados o los hoteles baratos se ha quedado en esos cristales. Sufrimos la maldición contraria a la de Dorian Gray: mientras que nuestra mejor faz pervive inalterada en un reflejo, la versión de carne y hueso se deteriora poco a poco con la polución y el estrés, con la brisa árida de la meseta y el bramido de sus cláxones.
Eduardo Verdú

domingo, 5 de septiembre de 2010


La historia no se escribe solamente con palabras. Ni los hechos más dramáticos, las guerras, las declaraciones de paz, ni las ruinas del pasado, tienen la fuerza que se conserva en el aire, en esos espacios que sobreviven al tiempo y por el que han pasado miles de personas. La memoria de cada individuo se transforma en un sentimiento que queda flotando en el espacio. Igual que Borges decía que todo lo dicho, lo susurrado, lo gemido, lo gritado en la historia de la humanidad, cada palabra, cada frase, sigue diciéndose eternamente, en un lugar recóndito, igualmente todo lo sentido, todo lo callado, todo lo nunca dicho, genera una sensación que flota infinitamente en el aire. Es por esto que algunos lugares, algunas ciudades son especiales. Misteriosos, incómodos extraños ajenos, nos infundan paz o dolor, seguridad o incertidumbres. Son lugares en los que las sensaciones que otros sintieron siguen presentes y nuestro aliento les da nueva vida para que cada uno sienta, recuerde, goce o lamente la historia que nunca vivió.
(Rosa Olivares )

In memoriam: A Marcos que nos enseñó a vivir